GUIADOS A LA HUMILDAD

Texto bíblico: Romanos 2:1-11

 

Nadie tiene excusa delante de Dios de no conocerle, de no darle la honra que merece, porque la creación misma enseña que hay un Creador, que es verdadero y ha hecho todo con el poder de Su Palabra, de la misma manera el apóstol Pablo se está dirigiendo a los judíos cristianos de Roma. Después de haberles hecho ver la condición pecaminosa de las otras naciones (los gentiles), ahora Pablo les dice que su “comportamiento correcto” (moralismo) no sirve de nada pues en ellos no hay arrepentimiento.

Sobre ese asunto, podemos reflexionar nosotros también con respecto a nuestra vida cristiana. La obstinación y la dureza de corazón impiden el arrepentimiento, lo cual indica que hay orgullo. Piensa y ora: ¿Se ha endurecido mi corazón?, ¿Lo he sentido adormecido o insensible?, Ante una nueva dificultad de la vida ¿me preocupo y no puedo ver, entender ni oír a Dios? ¿Se me han olvidado Sus promesas y las veces en que se ha ocupado de mis necesidades?, ¿Mi fe está siendo escasa?, ¿He pecado continuamente y no lo he confesado?, ¿Me creo mejor o más sabio que Dios?, ¿Camino de forma independiente a Él?, ¿Prefiero hacer las cosas a mi manera que a la de Dios?, ¿Me han decepcionado o tengo mucho dolor y lo he dejado convertir en resentimiento?

Ahora, el orgullo nos lleva a creernos mejores que otros, a juzgarlos por sus pecados, pero claramente quien sea altivo terminará siendo humillado (Pr 29:23). Y, como dice Proverbios 11:2 “con el orgullo viene el oprobio”. En ese sentido, ver los pecados del otro (la paja en el ojo ajeno) y no arrepentirnos por los propios (la viga en el propio ojo) nos hace acumular ira para nosotros mismos. Vale la pena aclarar que sí podemos juzgar con justo juicio al ver los frutos de un hermano y que sí podemos exhortarlo si vemos que está incurriendo en una falta, pero es muy importante no hacerlo desde el enojo, la venganza y mucho menos desde la superioridad moral. Quien lo haga, debe haberse ocupado primero de la viga de su ojo: reconocerse pecador y saberse perdonado por la gran misericordia del Señor.

Ahora, ¿qué es hacer “el bien”, mencionado en el versículo 7? Es justo lo contrario al “mal” explicado en el versículo 8: rebelarse y no obedecer a LA VERDAD por egoísmo, el cual, según la RAE es un “Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás”.

Esto es, justamente, lo que se señaló en el capítulo 1 que hicieron los pecadores de otras naciones: se ENVANECIERON en sus propios razonamientos y CAMBIARON LA VERDAD por mentiras. Es decir, confiaron demasiado en sí mismos, creyeron que estaban en lo correcto con respecto a Dios y a ellos. El arrepentimiento, por el contrario, nos da la perspectiva de Dios con respecto a nosotros, a nuestro pecado y al de los demás.

También aprovechemos para recordar que, según Cristo mismo, Él es LA VERDAD. Quienes no le obedecen a Él, lo que hacen es obedecerle a la injusticia, y eso significa que Cristo es la Justicia que necesitamos para poder presentarnos delante del Padre. Precisamente, eso es la justificación. Para finalizar, ¿qué consecuencias habrá para los que no acepten a Cristo? Sufrimiento y angustia… ya sean judíos, extranjeros, pobres, ricos, hombres o mujeres, porque ante Dios todos somos igual de pecadores.

¿Qué consecuencias habrá para quienes crean en Jesús y se arrepientan de sus pecados? Los humildes serán enaltecidos (Pr. 29:23). Tendrán gloria, honra y paz, porque serán coherederos junto con Cristo.

Bet

¿Con qué limpiará el joven su camino?

Con guardar tu palabra.

Con todo mi corazón te he buscado;

No me dejes desviarme de tus mandamientos.

 En mi corazón he guardado tus dichos,

Para no pecar contra ti.

Bendito tú, oh Jehová;

Enséñame tus estatutos.

 Con mis labios he contado

Todos los juicios de tu boca.

Me he gozado en el camino de tus testimonios

Más que de toda riqueza.

En tus mandamientos meditaré;

Consideraré tus caminos.

Me regocijaré en tus estatutos;

No me olvidaré de tus palabras.

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