¿CÓMO VIVO MI VIDA?
Texto bíblico: Romanos 2:12 – 16
La ley
nos hace a todos culpables, nadie se puede justificar por la ley ante Dios.
Hemos entendido que vivir una vida en Cristo no solo se basa en ser oidores de
Su Palabra para atesorarla en nuestros corazones y ser justificados por eso, en
realidad somos justos cuando obedecemos su Palabra y la ponemos en práctica de
manera genuina en nuestras vidas, esto principalmente es gracias a la obra de
Cristo y su sacrificio en la cruz, porque por nosotros mismos no podemos hacer
nada. Esto demanda de parte de nosotros una gratitud inmensa para con Dios
porque por medio de Cristo hoy somos privilegiados de tener a el Espíritu Santo
quien nos ayuda revelándonos la gloria de nuestro Señor Jesucristo por medio de
la Biblia y nos guía a toda verdad (Juan 14:16 - 17).
Pero,
¿Por qué esto demanda de nosotros una gratitud inmensa? Pablo, hablándole a los
romanos, les muestra cómo Dios se les ha revelado por medio de su Palabra pero
también cómo hay muchos gentiles que no han oído del evangelio, y hace un
paralelo en donde muestra cómo los gentiles que no tenían la ley de Dios
escrita, si la tenían en su interior, en sus corazones, y ella les indicaba lo
que debían hacer.
Al
conocer la ley sabemos lo que está mal y eso hace que nuestra conciencia esté
apercibida de eso, pero nuestra carne también y ella es la que nos induce a
querer pecar, que por mucho que nosotros queramos obedecer a Dios, nuestra
carne no quiere someterse a la ley de Dios y obedecer. (Romanos 8). Pero hay
una buena noticia por la cual hay que darle gracias a Dios, SU HIJO JESÚS, él
ya venció en la cruz y pagó el precio de todos nuestros pecados, Él nos hizo
libres y quiere que nosotros vivamos una vida que a él le agrade.
Sabemos
que nuestras acciones y forma de vivir hablan acerca de nuestra relación con
Dios, y a pesar de que las obras no son las que nos salvan, entendemos que un
cambio de carácter o una nueva vida en Cristo, (Tito 3:5) nos conduce a
obedecerle y a hacer lo que a él le agrada, pero, ¿Si estamos demostrando ese
cambio de vida?, ¿Solo cubrimos con acciones “buenas” una vida íntima de
pecado?, ¿Si sentimos cuando nuestros propios pensamientos nos acusan de hacer
lo malo o hemos perdido esa sensibilidad ya habiendo conocido la ley?
Llegará
el día donde todos seremos juzgados (Romanos 2:16) y cada una de las cosas que
hicimos en lo secreto saldrá a la luz, todo esto por medio de Jesucristo. Pablo
escribe que ese último día (haciendo referencia al día de juicio) seremos
juzgados por su evangelio, eso quiere decir, el evangelio de Cristo. La
relevancia de esto es que el juicio no será por la moralidad de los demás
pecadores, en cómo nos comparamos unos con otros. No seremos juzgados bajo el
estándar de ver quien ha hecho más cosas buenas que malas, seremos juzgados por
el evangelio, el cual nos manda a que todos los hombres en todo el mundo, nos
arrepintamos de nuestros pecados y creamos en Jesucristo.
Esto
nos lleva a entender que nuestra vida debe ser íntegra, transparente, que
aunque sigamos luchando contra el pecado sepamos que nuestra salvación es
Jesús, que nos arrepintamos y volvamos a Él todos los días para que nos limpie
y nos aparte de todo pecado.
Teniendo
en cuenta todo lo anterior podríamos hacernos estas preguntas para reflexionar:
·
¿Cómo estoy viviendo realmente mi
vida?
·
¿En lo secreto hago cosas que no le
agradan a Dios pero las cubro con buenas acciones?
·
¿Me conformo con escuchar solamente la
palabra de Dios o también la hago viva y eficaz en mi día a día?
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