SOBRE LA HERMOSA EPÍSTOLA A LOS ROMANOS


Epístola quiere decir sencillamente carta, en el contexto bíblico se refiere a las cartas escritas por los apóstoles a determinados destinatarios. En este caso se refiere a la carta del apóstol Pablo a los Romanos, escrita por Tercio, el amanuense de Pablo en esta carta. Aunque reconocemos un autor humano no podemos decir que fue inspirada por sentimientos humanos sino que la inspiración provino plenamente de Dios, es una epístola canónica, es decir que hace parte del canon de las Escrituras, por lo que la Iglesia la ha reconocido por más de dos mil años como lo que es, la bendita Palabra de Dios. De manera general podemos ver que la epístola a los Romanos enseña el glorioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo, el más hermoso mensaje que podemos recibir y el único que puede cambiar nuestras vidas. El bosquejo del mismo que hemos propuesto es el siguiente:

1.    PECADO (Introducción (Rom. 1: 1-17) Condenación (Romanos 1:18-3:20))

2.    JUSTIFICACIÓN (Rom. 3: 21-5) Y SANTIFICACIÓN (Rom. 6-8) (Romanos 3: 21-8:39)

3.    LA SOBERANIA DE DIOS (Romanos 9-11)

4.    EL SERVICIO A DIOS (Aplicaciones prácticas (Romanos 12-15) y saludos (Romanos 16))

Algunas recomendaciones para tener en cuenta en el estudio de la epístola, antes de empezar son:

Pídele a Dios en oración que por su gran Misericordia te enseñe Su Palabra para que puedas obedecerlo por amor y procura vivir no por quedar bien con otras personas sino por fortalecer tu relación personal con Dios.

Realiza un estudio de términos cuando estos sean de difícil entendimiento. Ten en cuenta el contexto del pasaje: el año en que fue escrito y la audiencia a la que fue enviada. Reconoce con humildad los diccionarios y comentarios bíblicos que pueden servir de apoyo para la interpretación de las Escrituras.

La carta es introducida con un nombre: Pablo. Pablo era su nombre en griego, pero Saulo en hebreo que significa pequeño. Pequeño era como se identificaba Pablo, pero también se reconoció como un doulos, un esclavo de Jesucristo, uno que está por debajo de su Señor para su servicio de manera voluntaria y con gozo, porque ha entendido que es su propósito de vida, y seguidamente introduce el tema que ira a tratar con profundidad: el evangelio de su Señor, del Señor Jesucristo, el único que puede transformar vidas (Rom. 1: 1-17).

 

Luego de una gran introducción la carta enseña de manera argumentativa, clara y verdadera que todo hombre es pecador, por lo que la ira de Dios está sobre toda la humanidad, por eso el mensaje del evangelio es una buena noticia que debe ser anunciada a todo ser humano (Rom. 1: 18- 3:20).

La gracia de Dios, la justificación solo por la fe en Cristo y la libertad del pecado son doctrinas esenciales que muchas personas han confundido, pero que se hacen necesarias comprender más claramente y Pablo las va a ir enseñando detenidamente. El apóstol Pablo también exhorta a toda su audiencia a aceptar el verdadero diagnóstico de la condición humana ante los ojos de Dios, la cual es una total pecaminosidad, por lo que en sí misma no tiene oportunidad de salvación, sino solo en el evangelio de la Gracia de Dios.

El evangelio de Jesucristo es la buena noticia de salvación al hombre pecador, la cual se nos ha dado solo por gracia de Dios y que necesitamos con urgencia cada día de nuestra vida. La justicia de Dios revelada en el evangelio enseña la justificación solo por la fe, en otras palabras dice que el justo es justo solo por la fe y que el justo por la fe vivirá y vivirá para la fe, por lo que debe desechar todo lo que no aporta a la fe, y a la fe solo en Jesucristo.

Los primeros capítulos nos dan una maravillosa presentación del evangelio, el cual enseña que no hay más justicia que la misericordia de Dios por el evangelio y aceptada por la fe. El apóstol apela contra la hipócrita santidad de los judíos, y también la enseñanza de que tanto judíos como gentiles que eran vistos como paganos son pecadores y que solo podrán ser justificados por la fe en Jesucristo, quien se ofreció por ellos, es el único camino, aun Abraham lo comprendió, por lo que fue justificado por la fe.

Abraham fue justificado por la fe, no por las obras, la ley o la circuncisión, su fe vino primero y sus obras posteriormente, y esta fe vino por Gracia. La diatriba de Pablo es un medio que usa para enseñar con claridad a través de preguntas y respuestas conceptos necesarios, usa este recurso didáctico para responder a los adversarios afirmando que Dios es bueno y que su bondad no es más resaltada por el mal sino a pesar del mal sigue siendo bueno. También enseña que la injusticia del mundo gentil, la hipocresía de los moralistas y la autojustificación judía esta de igual manera condenada, porque toda la humanidad es igual de pecadora.

La responsabilidad humana frente a su pecado se ve con claridad en estos pasajes que revelan la pecaminosidad del ser humano, sin excusa alguna, cada uno debe responder ante Dios sobre su propio pecado, pero ¿Qué podemos decir ante Dios?, ¿Como nos podremos justificar? Nada puede hacer el hombre para justificarse, pero Dios en Su Gracia ha otorgado salvación a Su Iglesia para justificarla, nos ha declarado justos, justo no significa virtuoso sino limpio, recto, absuelto en el tribunal de Dios. Somos declarados justos, no por nuestra fe, sino por Jesucristo que nos provee en su Gracia el medio de la salvación, la fe, para creer en Él y ser justificados gratuitamente.

Jesucristo se entregó a si mismo incluso a los horrores de la muerte en la cruz para cargar con el pecado de sus enemigos, de nosotros que antes no éramos su pueblo, pero ahora lo somos, y esta justificación que hemos recibido gracias a su redención, es solo por gracia; solo en Cristo, mediante la fe sola.

La justicia tiene dos aspectos, una cualidad ética y una relacional, lo primero tiene que ver con la justificación mientras lo segundo con la santificación y en Jesucristo, por Gracia, tenemos ambas, somos justificados y estamos en el camino de la santificación gracias a la misericordiosa justicia de Dios en nosotros. La bondad infinita de Dios perdona al creyente de sus maldades sin importar cuan grande fuera su maldad, pero el apóstol también exhorta a la santificación a quienes han pasado del reino de las tinieblas a la luz, como enseña el capítulo 6 a los Romanos. En Romanos 7 habla de la concupiscencia y de ese conflicto interno del creyente, el cual debe diariamente enfrentar con la seguridad y convicción de su identidad en Cristo Jesús. De la misma manera no hay que escandalizarse de la gran cantidad de personas que han rechazado el evangelio y seguir anunciando a todo el mundo el precioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo, solo algunos lo recibirán, aquellos son los que han sido predestinados e iluminados para recibir la salvación y ellos son el pueblo de Dios que debe aprender a convivir juntos en armonía.

El cristiano sirve a Dios porque es salvo, no es salvo porque sirve a Dios. La ley no es el problema, el problema es que el pecado se muestra hostil a la ley y solo se complace en el hecho de desobedecerla. La culpa de la muerte es el pecado no la ley, pero la ley como es pura y santa en su juicio condena al pecado. La acción de la ley es devastadora para el pecado porque lo expone, lo provoca y lo condena, por eso el villano del creyente es el pecado que mora en él, el cual debe mortificar todos los días. La Ley es buena, pero no es útil para salvar o santificar, permite guiar moralmente pero no es útil para salvar.

Demostramos que somos hijos espirituales de Abraham en que imitamos la conducta de fe de Abraham, quien esperó en la fidelidad de Dios y el poder de Dios. Muchas veces nos desesperamos, no somos pacientes, pero recordemos que hemos muerto al pecado, no significa ninguna lucha contra el pecado o ausencia de atracción hacia el mismo, si así fuera no tendríamos que batallar contra la tentación, muertos al pecado significa que es un hecho en Jesucristo que hemos muerto al pecado y eso lo debemos recordar todos los días.

El que es esclavo debe rendir obediencia a su amo, nosotros como esclavos de nuestro Señor Jesucristo le debemos obediencia, al que nos ha justificado, nos ha dado vida, nos salvado ya, pero todavía no, porque esperamos ser librados del pecado que mora en nosotros en la glorificación. Pero cada día debemos procurar presentarnos ante Dios limpios sin caída alguna en el pecado, porque nos es necesario en nuestra relación diaria con el Señor buscar la santificación tanto del cuerpo como del espíritu (1 Co. 7: 34; 2 Co. 7: 1). No significa que nunca caeremos, pero que debemos luchar para no caer, y cuando caigamos en el pecado humillarnos ante Dios pidiéndole perdón quien nos levantara de nuevo para seguir en el camino que ha preparado de antemano para que andemos, porque aunque setenta veces caiga el justo de todas ellas el Señor en su Gracia lo levantara de nuevo para que vuelva en aquel camino que debe andar (Rom. 3: 21-8:39).

El plan de Dios, la fidelidad de Dios, es asombrosa, imposible de comprender en su plenitud, en su soberana gracia nos ha escogido para salvarnos y rescatarnos de este mundo corrompido por el pecado, y aunque no conozcamos en plenitud sus planes soberanos debemos descansar cada día en su soberanía, porque sus planes son mejores, mucho más altos que los nuestros (Romanos 9-11).

Los últimos capítulos de Romanos dan mayor énfasis al servicio a Dios, lo hace al final y no al principio, porque antes de dar instrucción el apóstol se asegura de su identidad en Jesucristo, de que comprendamos lo que Dios ha hecho por nosotros, para que a la luz de la Obra de Amor de Dios en nuestra vida nosotros le sirvamos con amor, porque el caminar cristiano es servir al Cristo resucitado en amor, en el poder del Espíritu.

La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta para con nosotros, dándonos el honor de ser llamados pueblo de Dios transformados por su misericordia para que vivamos en amor unos a otros, presentando también buen testimonio para los de afuera. La obediencia a la ley se da exclusivamente por la Gracia y la Misericordia de Dios. El poder de cumplir la Ley no está en la Ley sino en el Espíritu Santo. La ley en si misma es buena, pero el hombre no puede cumplirla, solamente le servirá de condenación, porque no justifica ni santifica a los pecadores, pero el Espíritu Santo le da libertad al cristiano para cumplirla, para servir a Dios (Romanos 12-15). Finalmente el apóstol Pablo termina la carta mandando saludos a cada uno en particular, enseñando es amor y cuidado personal que tenía para con los que el Señor le había dado, dándonos ejemplo a nosotros para imitar y de la misma manera hacer con los que Dios nos ha permitido servir, no para nuestra gloria sino para la gloria de Dios y de esta manera el apóstol Pablo finaliza la carta con una preciosa doxología (Romanos 16).

Alef

Bienaventurados los perfectos de camino,

Los que andan en la ley de Jehová.

Bienaventurados los que guardan sus testimonios,

Y con todo el corazón le buscan;

Pues no hacen iniquidad

Los que andan en sus caminos.

 Tú encargaste

Que sean muy guardados tus mandamientos.

¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos

Para guardar tus estatutos!

Entonces no sería yo avergonzado,

Cuando atendiese a todos tus mandamientos.

Te alabaré con rectitud de corazón

Cuando aprendiere tus justos juicios.

Tus estatutos guardaré;

No me dejes enteramente.

 

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