¿SIRVES A LA JUSTICIA?
Texto bíblico: Romanos 6:19-22
Un
comentario que suelen hacer los no cristianos sobre los seguidores de Cristo es
que no tenemos libertad, que hemos sido adoctrinados y que vivimos con muchas
restricciones. También consideran que nuestras iglesias son las que nos
prohíben llevar a cabo ciertas acciones, tener determinadas costumbres o
comportamientos… Es verdad que existen congregaciones legalistas o, incluso,
con métodos conductistas que prohíben ciertas cosas y hasta llegan a agregar
“reglas” que no necesariamente son mandatos bíblicos. Pero tales comentarios
también dejan en evidencia una mentira con la cual muchos son engañados: que en
el pecado y en una vida conforme a los deseos de este mundo hay libertad.
En
estos versículos, el apóstol Pablo les estaba diciendo a los romanos que estaba
utilizando una metáfora de la esclavitud y la libertad (los términos humanos)
para dar a entender la situación espiritual de los creyentes antes y después de
tener un encuentro con Cristo. Antes, los miembros de sus cuerpos se dedicaban
a violar la ley, pero después, gracias al conocimiento de Cristo como la Verdad
y la Vida, podrían emplearse para servir a la justicia, es decir, a la
rectitud, a lo que es correcto. Hoy, nosotros podemos hacer lo mismo.
El
apóstol indicó que, en realidad, al vivir la vida de pecado, había esclavitud…
De hecho, todo lo que se hacía estaba influenciado por la naturaleza
pecaminosa. Esta verdad es especialmente inconcebible para quienes no han
reconocido su condición de pecado y han puesto su fe en Cristo: de hecho, de lo
que suelen hablar es de sus buenas acciones y de cómo estas son más importantes
y grandes que sus pecados “ocasionales”. Así mismo, quienes viven un falso
evangelio por obras y no basado realmente en la fe, suelen darle un gran valor
a lo bueno que hacen. Todos ellos creen que sus buenas acciones nacen de sus
corazones, pero recordemos lo que Jesús dijo: “del corazón salen los malos
pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos,
los falsos testimonios, las blasfemias”, Mateo 15:19. El profeta Jeremías
incluso dijo que el corazón es “perverso” (17:9).
Para
quienes hemos nacido en un hogar cristiano o para quienes hemos vivido en ese
falso evangelio, es fácil llenarnos de orgullo por nuestras supuestas “buenas
obras", pero dicha actitud no denota más que orgullo y recordemos que
“delante de la destrucción va el orgullo” (Proverbios 16:18). Ahora, estando en
la fe, debo confesar que ha habido momentos en los que yo también me he visto a
mí misma llena de restricciones… en especial cuando efectivamente “debo
restringirme” en algo en lo que soy débil o que me puede acercar a una
tentación. Pero el Señor en Su misericordia me ha hecho ver que cuando me
siento así, es porque estoy actuando en mis fuerzas (tendiendo así al orgullo),
en vez de descansar en Su gracia; también que me estoy viendo a mí misma como
esclava del pecado, en vez de lo que soy en Cristo: libre del pecado y esclava
de la justicia, a ella es a quien debo servir incluso con cada miembro de mi
cuerpo.
¡Pero
gracias a Dios, por medio de Cristo y en el poder del Espíritu Santo, hoy somos
conscientes de nuestra esclavitud pasada! Si bien nos avergonzamos de aquellos
pecados, hoy podemos optar, por medio de Cristo y de Su obra perfecta (es
decir, no en nuestras fuerzas), por practicar la santidad, por ser santificados
y por caminar así hacia la vida eterna. Este será un proceso, una lucha, un
camino estrecho, ¡pero valdrá la pena porque compartiremos nuestra eternidad
junto al Dios que nos creó para Él!
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