¿MUERTOS Y VIVOS?
Texto bíblico: Efesios 2:1-7
Muertos,
sin vida, es la condición natural de todo ser humano que nace en este mundo,
pero ¿muertos y vivos? Sí, estamos vivos en el sentido de que respiramos y
nuestros órganos vitales funcionan, pero muertos en que no solo somos cuerpo,
sino el cuerpo es el cascarón de lo que realmente somos e importa que es
nuestra alma. Nuestro cuerpo muere progresivamente, pero nuestro espíritu nace
muerto, porque el espíritu es nuestro ser interior que nos permite
relacionarnos con Dios, pero como está muerto no puede acercarse a Dios, porque
mucho tiempo antes, en el principio después de haber sido todo creado, fue
ordenado al ser humano no pecar, si pecare, es decir si desobedecieren el mandato
de Dios moriría, así fue que murió y en el primer ser humano todos nacemos
muertos, es decir separados de Dios (Génesis 3, Romanos 5:12-21).
Muertos,
sin esperanza, condenados y miserables éramos, porque separados de Dios somos
simples muertos que no pueden hacer sino solamente el mal, pero Dios, por su
misericordia, nos dio vida, cuando estábamos muertos, por lo que podemos decir
que Su Salvación es un favor no merecido, que nos ha concedido, pero ¿lo ha
dado a todos? Para todos, pero no ha sido sino solo para la Iglesia, porque
solo es aquel que por la gracia de Dios se arrepiente y cree en Jesucristo que
puede recibir la gracia de la Salvación. Y ¿salvos de qué y para qué? Salvos de
la desobediencia, de la corriente de este mundo, de satanás, de todo tipo de
mal que nos hacía vivir en un estado continuo de enemistad contra Dios, por lo
que estábamos en completa condenación, y salvos para adorar en espíritu y
verdad a nuestro Dios quien es digno de toda honra y gloria.
“Pero
Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun
estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por
gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo
sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos
venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros
en Cristo Jesús.” Efesios 2: 4-7 (RVR 1960)
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