LA JUSTICIA Y MISERICORDIA DE DIOS
Texto bíblico: Romanos 9:1-18
Lo
primero que hace Pablo es contestarnos a todos nosotros, dándonos a entender
que NO hay ninguna injusticia en Dios. Qué fue lo que ocasionó esta objeción?
Pablo está tratando de decir que nuestra salvación personal y el destino eterno
de nuestras almas (judíos y gentiles), no está basada en lo que nosotros
hagamos o en lo que escojamos para nuestras vidas. Está basado exclusivamente
en Dios. Solo Dios es quien decide que personas elegir para que lo sigan y que
otras lo van a rechazar.
Algunos
de los que estaban con Pablo se expresaban de la siguiente manera diciendo:
“Entonces Dios es injusto”, y Pablo responde: “de ninguna manera”. Cuando Dios
elige a una persona incondicionalmente, no hay ninguna injusticia que provenga
de Él y sabemos que para nosotros es un poco complejo entender esto. Además,
observamos nuevamente que Pablo expone lo que quiere que veamos, en el verso
16: la elección no depende de las obras que realice el hombre ni tampoco de su
propia voluntad, no hay nada que nosotros hagamos para ser escogidos por Dios,
simplemente fue su gracia la que nos salvó y nos escogió, nuestros méritos no
llevan a que Dios tenga un cambio de decisión frente a nuestras vidas, él en su
infinita misericordia y gracia hace como quiere, eso es lo que Pablo quiere que
tengamos claro.
Vemos
cómo Pablo trae a colación lo sucedido con Egipto y el Faraón, donde el decide
endurecer el corazón del faraón para así dar a conocer el poder de Suyo y que
su fama se extendiera por todos lados. Egipto sintió toda la ira y rebelión de
Dios, pero esto con qué fin?, pues para que Israel quien fue y es su pueblo
escogido, puedan observar y presenciar lo que nunca les iba a pasar a ellos:
Sentir la ira de Dios, por eso Él debía mostrarla para que ellos temblaran y
vieran el verdadero poder y la ira de Dios. Ese es el plan de Dios que vemos en
la Biblia y en la carta a los Romanos.
Dios
nunca estuvo obligado a mostrarnos a algunos de nosotros su misericordia, sin
embargo él nos dio ese regalo sin merecerlo, sin hacer nada para obtenerlo, sin
que nuestras acciones o méritos tengan alguna incidencia en la decisión que
toma Dios, por medio de Jesús es que somos salvos, nos hizo justos, a nosotros
nos queda solamente entregarle nuestra vida en forma de agradecimiento.
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