HEREDEROS DE DIOS
Texto bíblico: Romanos 8: 17-19
En
este versículo bíblico se hace énfasis en la palabra heredero, porque se repite
dos veces, lo que nos debe llevar a reconocer su significado. Para Pablo y para
la mayoría de los judíos la palabra herencia tenía un significado
principalmente arraigado a “la tierra prometida”, la cual era la tierra de la
herencia que recibieron de parte de Dios, pero este significado histórico
también representaba la verdad espiritual de una tierra prometida más allá de
esta vida para aquellos que Dios ha hecho herederos en Cristo, y esta es la
verdadera tierra prometida: los nuevos cielos y la nueva tierra, aquel lugar era
el lugar al que esperaban ir, en primer lugar, Abraham, Moisés, David y cada
uno de los profetas, porque por la fe comprendieron que eran peregrinos
(Hebreos 11).
La
herencia incorruptible que habla Pedro en 1 Pedro 1: 4 es esta misma herencia
que está hablando Pablo, en la que somos participes los cristianos, no por
nuestras obras, no es que por medio de una vida ascética o de hacer buenas
obras seremos salvos o algo similar, sino que somos herederos de Dios gracias a
su Gran Misericordia (1 Ped. 1: 3), por lo tanto nosotros somos agentes pasivos
en esta gran obra de Misericordia de Dios, que nos enseña a vivir como
peregrinos que esperan con alegría recibir de Dios la vida eterna.
La
aplicación de este versículo a nuestra vida, como cristianos es primero no
dejar de recordar que es gracias a la misericordia de Dios que somos renacidos
a una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo (1 Ped. 1: 3) y,
segundo, que no nos acomodemos a este mundo sino que vivamos como peregrinos en
este mundo, procurando vivir en obediencia fiel a Dios, por amor a Él, con la
mirada en Jesucristo, aguardando un lugar mejor: la Ciudad de Dios, donde no
hay corrupción sino perfección porque todo es nuevo y bueno, puesto que el
arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11: 10).
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