¡ENGRANDECIDO SEA EL SEÑOR!

Texto bíblico: Romanos 8:23-27

 

En esperanza hemos sido salvados, una esperanza que es ciertísima, más real que la misma realidad, porque es la esperanza de estar con Jesucristo por la eternidad, en esta espera debemos tener paciencia. No es fácil ser pacientes, menos en una época como la nuestra, en donde con un clic o una petición tenemos lo que queremos rápidamente, pero es necesario en nuestra vida como creyentes, aprender a esperar y perseverar, a continuar sirviendo fielmente en integridad, a orar sin cesar, y hacerlo con gozo, esperando en Dios, dejando en Él nuestra vida, puesto que en sus manos estamos seguros.

Estamos en mucha debilidad, vivimos en un cuerpo frágil que se cansa rápidamente, que en cualquier golpe que sufre se va lesionando, o alguna enfermedad lo va deteriorando, unas emociones sensibles que no saben cómo controlarse y son engañosas, pero Dios conoce todas y cada una de nuestras debilidades y lo más asombroso es que aun siendo débiles y pecadores murió por nosotros, y en esta victoria que Dios nos dio sobre el pecado y la muerte debemos trabajar con todo nuestro ser, orando, aun con lloros que no pronuncian palabras, pero Dios conoce nuestro corazón, y el Espíritu Santo intercede por nosotros, conforme a las necesidades que tenemos, de acuerdo a la voluntad de Dios, y así va dándole forma a nuestro corazón, guiándolo a pensar, hablar y orar correctamente.

Ora constantemente, no tengas miedo, no te dejes llevar por el pensamiento de que no sabes orar, porque para aprender a orar es necesario orar, y una vida de oración es una vida de devoción, en la que el creyente busca a Dios para poder servirle fielmente, conforme a Su Palabra, y encuentra regocijo y alegría engrandeciendo el nombre del Señor, magnificando a su Salvador y amando su salvación.

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