EL ESPÍRITU SANTO DA VIDA
Texto bíblico: Romanos 8:1-4
Hemos
visto cómo ya no hay condenación para los que están en Cristo o los que
permanecen en él, ahora sabemos que ya no es la ley la que tiene poder sobre
nosotros como ocurría atrás, hay una nueva ley y es la ley del Espíritu, esa
nueva ley es la que nos ha hecho libres del pecado, gracias a la ley logramos
entender nuestra naturaleza pecaminosa pero ahora la ley del Espíritu nos ha
hecho libres de la muerte eterna. Todo esto es lo que Pablo nos da a entender
luego de la afirmación del versículo 1 de Romanos 8 y es una realidad.
El Espíritu
de Dios siempre va a traer vida, siempre, pero solo para los que tienen su fe
puesta en Cristo Jesús ya que sin fe no podemos ser justificados, por ende,
siendo de manera contraria, estaríamos viviendo en pecado y el pecado solo trae
muerte, nos conduce a la muerte, y la única manera en la que nosotros somos
libres de eso es permitiendo que le ley del Espíritu sea la que nos guíe.
Conociendo
nuestro pecado por medio de la ley de Moisés, nos damos cuenta de que no
podemos cumplir la ley, no podemos obedecerla al pie de la letra, su propósito
fue y es mostrarnos lo incapaces que somos, ya que no podemos cumplir la ley.
No somos aceptados delante de Dios por eso, pero Dios hizo algo maravilloso y
fue entregar a su propio Hijo por la salvación nuestra y el perdón de nuestros
pecados, Jesús se hizo hombre, vino al mundo a condenar por completo al pecado
demostrando que desde un comienzo el pecado estaba vencido y él era y es
nuestra salvación, Jesús nunca pecó. Para nosotros es difícil en muchas
ocasiones entender que Jesús no pecó en lo absoluto, pues el ser humano es muy
débil frente a las cosas que le muestra el mundo pero Jesús fue todo lo
contrario, ni una sola mancha de pecado marcó su cuerpo y su vida, para
demostrarnos que por medio de él podríamos acercarnos al Padre.
Nuestro
lugar era ocupar esa Cruz que ocupó Jesús, sin embargo Dios permitió que todo
esto ocurriera para que se cumpliera Su ley, la cual fue entregada a Moisés,
esto con el fin de qué también se hiciera justicia.
Jesús
murió por el pecado de cada uno de nosotros, tanto los pasados, presentes y aún
los futuros, nos hizo justos delante de Dios, y debemos también recordar, que
todo esto no quiere decir que nunca más vamos a pecar, que los cristianos ya no
pecamos, cada día cometemos errores nos equivocamos y debemos arrepentirnos,
pero Dios a través de Pablo nos enseña que ahora ya no vivimos en la carne sino
que vivimos en el Espíritu quien nos anima a dejar a un lado el pecado y vivir
para Cristo.
Pidámosle
cada día sabiduría al Señor para que nos ayude a entender su obra y a vivir o
caminar con Él en el Espíritu.
He
Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos,
Y lo guardaré hasta el fin.
Dame entendimiento, y guardaré tu ley,
Y la cumpliré de todo corazón.
Guíame por la senda de tus mandamientos,
Porque en ella tengo mi voluntad.
Inclina mi corazón a tus testimonios,
Y no a la avaricia.
Aparta mis ojos, que no vean la vanidad;
Avívame en tu camino.
Confirma tu palabra a tu siervo,
Que te teme.
Quita de mí el oprobio que he temido,
Porque buenos son tus juicios.
He aquí yo he anhelado tus mandamientos;
Vivifícame en tu justicia.
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