DIOS, NUESTRO PADRE
Texto bíblico: Romanos 8:14-16
Pablo,
en la carta a los corintios, nos enseña que nosotros recibimos al Espíritu
Santo cuando creemos que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador (1 Corintios
12:13). En Romanos también podemos ver cómo nos ilustra diciendo que una
persona que no tiene al Espíritu Santo, no pertenece a Cristo. (Romanos 8:9).
Recibir al Espíritu Santo es consecuente al recibir a Cristo en nuestras vidas
y corazones.
El
versículo 15 del capítulo 8 de Romanos es uno de los más conocidos por los
creyentes, en muchas ocasiones se saca de contexto con el fin de hablar a nivel
motivacional o para tocar las emociones de las personas al decir cosas como:
“tú puedes, eres el mejor, no le tengas miedo a los retos porque tienes el
Espíritu Santo en ti”. Nada más alejado de la realidad para distorsionar el
evangelio, en realidad, aquí Dios nos habla acerca de la relación nuestra con
Él por medio del Espíritu Santo, nos da el panorama del cambio que tiene la
vida de un cristiano al aceptar a Cristo como su Salvador y recibir el E.S.
Podemos
ver que Pablo nos habla de cómo Dios ya no nos ve como esclavos o siervos, en
los versículos anteriores se muestra cómo ya no somos esclavos del pecado
porque Dios nos dio la libertad por medio de Jesús, ahora en estos versículos,
observamos que Dios nos hace parte de Su familia, habiéndonos rescatado del
pecado para ahora llamarnos sus hijos. Al ser adoptados por Dios, somos libres
de la esclavitud en la que antes vivíamos, miedo, inseguridad, duda, se podría
decir que esa es la relación que tiene un esclavo con su amo, pero Dios quiere
todo lo contrario para nosotros, cambió nuestro estado con el fin de que todos
aquellos que tienen su fe puesta en Cristo puedan ser llamados hijos e hijas.
Anteriormente
los niños usaban la palabra Abba para referirse a su figura paterna, esta es
una palabra aramea la cual se llevó al griego que tiene cómo significado PADRE.
Y es así como Dios quiere que lo veamos, como nuestro padre, no un padre al
cual no podríamos acercarnos o el cuál no nos escucha, si no aquel que nos
muestra su amor, es compasivo y nos permite acercarnos a su presencia. Dios nos
adoptó, nos escogió, nos llama HIJOS, a fin de que nuestra vida ahora le
pertenezca a él y no al pecado ni al enemigo.
Recordemos
cada día a donde y a quien pertenecemos y busquemos cada vez más esa voz de
nuestro Padre que nos llama a vivir una vida nueva, una vida en santidad.
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