CRISTO, NUESTRA ESPERANZA
Texto bíblico: Efesios 2:11-13
Este
fragmento de Efesios nos transmite que los gentiles no son (o somos) mejores o
peores que los judíos. Sin embargo, sí había antes una diferencia entre ambos
grupos. Los judíos eran el pueblo de Dios y tenían un pacto con Él, que inició
con la promesa que recibió Abraham. Esto significaba que los gentiles estaban
sin Dios, lejos de Él y, por lo tanto, no tenían esperanza.
Sin
embargo, el Padre hizo algo para que esto cambiara en toda la humanidad:” nos
dio vida juntamente con Cristo”, como dice Efesios 2:5. De esa forma, el Señor
nos dio esperanza. Y nuestra esperanza es Cristo, como también lo dijo Pablo en
1 Timoteo 1 y en Colosenses 1:27, en donde lo llamó la esperanza de la gloria.
¿Qué
significa que Cristo sea esto para nosotros? Bueno, si bien la esperanza es un
estado de ánimo, el diccionario de la RAE nos da una definición religiosa muy
especial para ese término: “En el cristianismo, virtud teologal por la que se
espera que Dios otorgue los bienes que ha prometido”.
Y sí
que esto describe lo que es Jesús para nosotros, pues el Señor había prometido
desde el Jardín del Edén que enviaría a un Salvador, el cual redimiría a la
humanidad del pecado. Pero esto no simplemente nos evitaría un castigo. El
objetivo era precisamente el que dice en el versículo 13 de Efesios 2:
acercarnos a Dios. Él mismo lo hizo a través de Su Hijo, pues con amor eterno
nos ha amado. Él quiere pasar con nosotros la eternidad y lo ha dispuesto todo
para que sea posible.
Los
crímenes de todos, judíos y gentiles, requirieron un alto pago: la sangre de
Jesucristo. La deuda era grande, la necesidad también, y ambas fueron
satisfechas no por ritos ni por cumplimiento de leyes y ordenanzas (como la
circuncisión), sino por el Cordero inmolado que quitó el pecado del mundo.
Dios
hizo de Cristo nuestra esperanza porque por medio de Él nos acercó a sí mismo,
y nos hizo a todos (judíos y gentiles) una nueva familia. Ahora, por supuesto,
esto incluye a los judíos que han aceptado a Cristo como su Señor y Salvador,
como el Mesías prometido.
Aplicación:
No importa lo que otras personas digan: nuestras acciones (incluso orar, leer
la Biblia o ayunar) no van a determinar nuestra salvación. Ésta proviene de
Dios, es por su gracia. Pero sí provoca un fruto (buenas obras y obediencia).
Identifica si escuchas consejos o incluso prédicas de personas que refuerzan en
ti la idea de que necesitas cumplir con ciertas acciones PARA ser salvo en vez
de realizarlas POR ser salvo y como medios de gracia.
Cristo
debe ser nuestra esperanza. Nuestra necesidad más grande en este mundo es la
salvación y en Cristo ya la tenemos resuelta o satisfecha, así que no dejemos
que los afanes del día a día nos hagan quitar nuestra mirada de Él.
Cristo
es el bien más grande y maravilloso que Dios nos haya prometido. No es que
necesariamente con Cristo tengamos “bienes” como carro, casa y beca, o milagros
y una vida sin sufrimiento. Al tenerlo a Él, tenemos al Padre… podemos
acercarnos a Él en esta vida y tenemos la certeza de que tendremos una
eternidad a Su lado. La pregunta es: ¿hay un bien para mí mejor que ese? ¿Algo
que yo desee más que estar con Dios en la eternidad? Pidámosle al Señor que nos
lo muestre, porque eso puede estar determinando muchas de nuestras acciones y
decisiones.
P.D.:
No usemos la sangre de Cristo como un agüero o rezo. Algunos cristianos dicen
que se cubren con la sangre de Cristo para evitar robos o cuando tienen temor
de que algo pase. Este pasaje y otros más de la Biblia nos muestran que lo que
la sangre de Cristo hizo fue reconciliarnos y acercarnos al Padre; nos limpió
de nuestros pecados.
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