CRISTO ABOLIÓ LA ENEMISTAD
Texto bíblico: Efesios 2:14-18
Hemos
revisado que existía una división notable entre los judíos y gentiles (no
judíos) en el tiempo que Pablo escribió esta carta. Pero en este texto podemos
ver que lo más importante no era esta división, aunque era algo que estaba
afectando mucho a la Iglesia de Éfeso. Lo realmente importante era y es quién
es el que abole esta enemistad y para qué lo hace.
Este
texto comienza con una afirmación “Él es nuestra paz”, haciendo referencia a
Cristo. Y esto no solo hablando de una paz interior o de tener paz con el
Creador, que como lo hemos visto antes, por medio de la sangre de Cristo nos
reconcilió consigo mismo. Esta paz alude a tener una reconciliación entre
quienes se odiaban, que habían creado una pared intermedia que los separaba.
Cristo
vino a dar salvación y crear un cuerpo propio el cual evidenciara las riquezas
de su gloria a través del conocimiento del amor de Cristo (Ef. 316- 19). Y para
esto no solo abolió el pecado que nos separaba de Él, sino que abolió las
ordenanzas que daban pie a la enemistad entre estos pueblos.
Es
increíble como las Palabra nos deja ver la necesidad de reconciliación
constante. Como lo expresó el mismo Cristo cuando le preguntaron por el gran
mandamiento de la ley: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda
tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el
segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos
mandamientos depende toda la ley y los profetas.” Mt. 22:36-40
Él
vino a anunciar las buenas nuevas de paz sin acepción de personas, para que
juntos tuviéramos el privilegio de entrar delante de su trono y deleitarnos en
la paz que sólo Él puede proveer a quienes creemos en Él.
Algo
impensable para una persona que cree en el evangelio es poder sostener la
enemistad con otra persona, simplemente por el hecho de que la salvación que se
nos ha dado ha sido por gracia y que lo que tenemos nunca fue por nuestros
méritos. Además, porque es un mandamiento, Cristo murió en la Cruz, para darnos
salvación y crear un pueblo unido para exaltar su bondad en la tierra.
Dios
nos dio de su perdón para poderlo dar a otros y nos da la oportunidad de
mostrar nuestro amor hacia Él cuando amamos a quienes están a nuestro lado. Si
alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso. Pues el
que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no
ha visto? 1 Jn 4:20.
A
partir de esto, nos queda una reflexión y quizás una autoevaluación, ¿estamos
evidenciando con nuestra vida que Cristo rompió la enemistad? ¿Amamos a nuestro
prójimo como a nosotros mismos? Recordemos cual es nuestro prójimo, haciendo
una pequeña lectura a Lucas 10:25-37, y llevemos nuestras inquietudes y aún
nuestro pecado referente a esto al Padre, quien nos ha dado a su Espíritu para
que transforme nuestra vida.
Comentarios
Publicar un comentario