UNA NUEVA VIDA LEJOS DEL PECADO

Texto bíblico: Romanos 6:1-4

 

En el capítulo anterior, Pablo concluye dándonos a entender el por qué se nos fue entregada la ley, a fin de que la humanidad fuera consciente de la magnitud de su pecado, sin embargo, también aclara que la gracia de Dios es mayor que su pecado. Ahora por medio de Jesucristo, reina la gracia de Dios en nosotros, nuestros pecados fueron llevados a la cruz y fuimos redimidos. (Romanos 5:20 - 21)

Pero aun sabiendo lo anterior, el hecho ser salvos por gracia nos ha llevado a malinterpretar nuestra nueva condición y nuestra nueva vida en Cristo, pensando que no hay problema en pecar porque Dios nos perdona todos nuestros pecados. De cierta forma, esto es cierto, pero es aquí donde Pablo inicia la contraargumentación en el capítulo 6 con esta pregunta:

“Ahora bien, ¿deberíamos seguir pecando para que Dios nos muestre más y más su gracia maravillosa?” (v.1) La pregunta la responde automáticamente en el versículo siguiente con un rotundo NO.

A pesar de que nuestra naturaleza es pecaminosa y nuestra carne es débil, debemos recordar con firmeza que nosotros ya morimos al pecado junto con Cristo mediante el bautismo, nos unimos a él en su muerte a causa del perdón de nuestros pecados con el fin de tener una nueva vida.

No podemos concebir un nuevo nacimiento en Cristo si aún estamos llevando una vida en pecado donde creemos que es válida la frase del mundo, “el que peca y reza empata”; con Dios no es así. La Biblia es clara cuando cita las palabras de Pablo:

“¡Por supuesto que no! Nosotros hemos muerto al pecado, entonces, ¿cómo es posible que sigamos viviendo en pecado?” Romanos 6:2 NTV

La vida cristiana (vida en Cristo), al momento de comenzar a caminar en ella, no se va a convertir automáticamente en una vida perfecta, más bien estará llena de muchas dificultades, pero va en camino a la búsqueda continua de la santidad. Gracias al sacrificio de Jesús en la cruz, tenemos la certeza de que él ahora está con nosotros y va delante de nosotros, el venció al pecado y a la muerte, nuestra respuesta en agradecimiento debe ser seguirle y servirle, entregándole toda nuestra vida. Podemos concluir que:

·        La inmensa gracia de Dios no justifica que sigamos pecando.

·        Al ser bautizados en agua demostramos que espiritualmente nos unimos a Cristo en su muerte.

·        La resurrección de Jesús es una muestra de que así como él venció a la muerte por el perdón de nuestros pecados nosotros tenemos una nueva vida en él.

·        Tenemos en nuestras manos el mejor regalo que alguien nos haya podido dar, fue por amor, sin interés, sin merecerlo y ahora gozamos de la gracia de Dios en nuestras vidas y todo gracias a JESÚS.

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