SOY POR ÉL Y PARA ÉL

Texto bíblico: Efesios 1:11-14

 

Hace unos días escuché una pequeña oración: ¡Gracias por ser! A partir de ésta me surgió una inquietud ¿Quién soy? Y es maravilloso poder acercarnos a la Palabra y que tan fielmente se nos sea revelado quiénes somos. Como lo vimos en los versículos anteriores, somos “hijos de Dios” y ese privilegio lo tenemos sólo por una razón, Cristo mismo.

“Dios nos amó tanto que decidió enviar a Jesucristo para adoptarnos como hijos suyos” Ef. 1:4b-5 (TLA)

Y ¿Cuál es la razón para tal decisión? ¿serán mis méritos? ¿mi bondad habrá movido a Dios a amarme? Cuánto descanso debe llegar a nuestra alma el saber que no es por ninguna de las razones anteriores, porque de ser así nunca lograríamos alcanzar lo inalcanzable, el perfecto amor del Padre. Pero al detallar lo que se nos revela en esta carta podemos evidenciar cual es la razón verdadera por la que somos, “según el designio de su voluntad” Ef. 1:11 (RVR 1960).

Pablo nos menciona que hemos tenido una herencia al haber sido “elegidos desde el principio”, y aún nos deja más claro que esto no fue por una motivación externa a Él, fue por su propio deseo de hacerlo. Y en esa voluntad, Él mismo edifica una única puerta, su propio Hijo.

Se hace una clara mención, a los que oyeron la verdad, el evangelio de salvación en Cristo y creyeron en él, es a quienes se les dio tan grande herencia. Todo aquél que cree en Cristo tiene el privilegio de ser llamado hijo de Dios, como enseña Juan 1: 12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (RVR 1960)

Somos por Él, pero esto no se queda allí, no sólo nos hizo sus hijos, también nos dio un propósito, uno para poder ser “alabanza de su gloria”. El propósito que se nos regala, por el cual vivimos es para honrar el nombre y la majestad de quien nos amó.

Cuando vemos a una pareja enamorada, cada uno habla de las virtudes de su amado. De igual manera, al reconocer el amor y la bondad del Padre a través de Cristo debe nacer una llama vibrante que anhele evidenciarlo en todo lugar y momento en que nos encontremos, tanto en las buenas como en las malas.

Somos para Él, quienes creímos en tan grande salvación ya no vivimos por algo o por alguien, vivimos para dar honra a quien evidenció su gracia y bondad, cuando lo único que merecíamos era la muerte. Pero esto no lo hacemos solos, Él mismo nos dejó a su Espíritu Santo como evidencia de la herencia que tenemos y por medio de cual nos guía a toda verdad (Jn. 16:13).

Somos por Él y para Él. Dios nos brindó la salvación, nos abrió el camino a Cristo y nos dio a quien nos guiaría para cumplir su llamado, su Espíritu. Con esto solo me queda hacer una pregunta para que podamos reflexionar, ¿vivimos con la conciencia de cuan grande es la bondad del Padre al regalarnos la salvación por Cristo y llamarnos a vivir para Él? ¿Vivimos por Él y para Él?

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