GRACIA INCOMPARABLE
Texto bíblico: Romanos 5:15-21
Es
interesante ver cómo en este punto de su carta el apóstol Pablo, tras haberles
dejado claro en los primeros capítulos a los judíos y gentiles de Roma que eran
pecadores, y haberles explicado en qué consiste la justificación (que es solo
por fe y no por obras), ahora empieza a hacer un despliegue de la gracia de
Dios. ¿Cómo? A través de un contraste entre Adán y Cristo… Si ya dio a conocer
la oscuridad que trajo el pecado a la humanidad, resulta muy pertinente mostrar
cómo la luz de Cristo la rompe.
El
Apóstol deja algo claro de entrada: el pecado de Adán no se puede comparar con
la gracia de Dios, sencillamente porque esta última es mucho mayor: cubre todo,
es amplia, generosa, abundante y suficiente. ¿Qué trajo Adán? Pecado, muerte y
condenación. ¿Qué trajo Cristo? El don de Dios, es decir, la justicia, y con
ella salvación y vida. Incluso, menciona que por Adán reinaba la muerte, pero
mediante el Señor Jesucristo reinarán EN vida quienes recibamos el regalo que
gratuitamente ha decidido entregarnos. Otra traducción dice: “todos los que lo
reciben vivirán en victoria sobre el pecado y la muerte” (NTV).
Según
lo anteriormente mencionado, podemos tener en cuenta que:
Para
la comprensión del evangelio y para nuestro crecimiento en la fe,
definitivamente es importante conocer las malas noticias, es decir, que somos
pecadores), para que comprendamos y valoremos la Buena Noticia, o sea, la
salvación. Por supuesto, esto sucede solo con la obra del Espíritu Santo.
Llamar
al arrepentimiento a las personas al predicar el evangelio no significa
solamente exponerles su situación de condena, sino guiarlas al Camino, la
Verdad y la Vida. Si nos quedamos solamente con las malas noticias, ¿qué pasará
con la Buena? ¿Acaso no es esta mayor e incomparable respecto al pecado de
Adán?
Y en
cuanto a nuestra vida cristiana, qué bueno es que nuestro pecado sea sacado a
la luz, ¿pero qué hacemos cuando eso sucede? ¿Nos quedamos enfocados en él?
¿Sentimos la tristeza del mundo o la que proviene de Dios? (2 Corintios 7:10).
En Hebreos 12:1-2 dice que nos despojemos “de todo peso y del pecado que nos
asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos
los ojos en Jesús, el autor y consumidor de la fe”. Así que la invitación es a
no quedarnos mirando nuestro pecado, sino a ver a Jesús, cuyo acto fue mucho
mayor que el de Adán.
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