FE SIN ARANDELAS
Texto
bíblico: Romanos 2:21-27
Somos
muy apresurados en juzgar a otros cuando en lo que juzgamos muchas veces
estamos haciendo lo mismo o peor, por lo tanto antes de juzgar a otros
mirémonos a nosotros mismos.
¿Qué
es la circuncisión? Es una señal física que se hacía a todo niño varón judío:
consistía en cortar una porción de su prepucio y representaba la alianza entre
Dios y su pueblo Israel. Esa es la física o la que se hace en la carne, pero
hay otra, la del corazón. Esta última hace referencia a saberse pecador y, por
tanto, reconocer la necesidad de Dios. “Circunciden, pues, su corazón, y no
sean más tercos”, Deuteronomio 10:16.
En su
misión de hacerles entender a los judíos cristianos que eran tan pecadores como
los gentiles, el apóstol Pablo quiso llevarlos a tener en cuenta que podían
estar circuncidados en la carne, pero que, al no cumplir con los aspectos de la
ley, estarían bajo el juicio de Dios. “«Ciertamente vienen días», declara el
Señor, «en que castigaré a todo el que esté circuncidado solo en la carne:”,
Jeremías 9:25.
Lastimosamente,
algunos de ellos pensaban que su circuncisión física era lo que garantizaba su
salvación, por eso les estaban imponiendo cargas innecesarias a los gentiles,
cambiando así el verdadero evangelio. Además, estaban siendo incoherentes pues
criticaban a los demás por sus pecados mientras ellos cometían los mismos. ¿De
qué servía entonces su circuncisión en la carne? Y en cuanto a nosotros: ¿Qué
condiciones le estamos agregando a la salvación hoy? ¿Hemos llegado a poner el
bautismo o algún otro acto de nuestra fe cristiana como un yugo al decir que
son NECESARIOS para la salvación?
Pablo
también dijo que a los gentiles que no estaban circuncidados en la carne pero
cumplían con los requisitos de la ley, se les consideraría circuncidados y
podrían llegar a juzgar a los judíos circuncidados en la carne que transgredían
la ley. Ahora, ¿esto quiere decir que tanto los judíos como los gentiles
cristianos PUEDEN y DEBEN guardar la ley? La respuesta es: no y sí.
En
parte no, “Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero falla en un punto, se
ha hecho culpable de todos”, Santiago 2:10. ”Porque todas las naciones son
incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón»”, Jeremías
9:26. No hay quien logre cumplir los requisitos de la ley, todos somos
transgresores. Pero, en parte sí porque la fe en Cristo, el entrar en el reposo
de las obras que nos ha dado el Señor (Hebreos 4:11) generará varios efectos
inmediatos e inevitables, entre ellos: la circuncisión del corazón, la
justificación delante de Dios por medio de Cristo (aparecer delante de Él como
si hubieran cumplido TODA la ley) y recibir el PODER del Espíritu Santo para
guardar los mandamientos del Señor, lo cual, al final, es amarlo a Él:
“Además,
el Señor tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes,
para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de
que vivas”, Deuteronomio 30:6.
“Porque este es el amor de Dios: que guardemos
Sus mandamientos (…) Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Y
esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Y quién es el que
vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”, 1 Juan 5:3-5.
Entonces,
¿qué estaba señalando el Apóstol en este fragmento de su carta y nos puede
quedar como enseñanza? Que no hay nada que nos salve excepto la fe en Cristo,
que ella es la que nos declarará justos (como si hubiéramos cumplido con los
requisitos de la ley), que la necesitamos TODOS, que la muestra de que la
tenemos es que no juzgamos ni nos creemos mejores que otros, que ella nos lleva
a dar testimonio por medio de nuestras acciones, que nos da coherencia y que lo
que necesitamos es una circuncisión del corazón. “Porque en el evangelio la
justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo
por la fe vivirá”, Romanos 1:17. Y esta fe tampoco proviene de nosotros, es un
don de Dios (Efesios 2:8). ¡A Dios sea la gloria por su infinita gracia y
misericordia!
Nota:
Si quieres profundizar más en este tema, puedes leer Colosenses 2:11-15 y
Gálatas 3:10-25.
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