FE CONTADA COMO JUSTICIA

Texto bíblico: Romanos 4:1-12

 

Es una gran alegría ser justificados delante de Dios por Gracia, no por obras, porque no podemos hacer obras que alcancen la inmerecida salvación del Señor, es necesario que reconozcamos tan grande salvación que Dios da a todo hombre que se arrepiente y cree en Jesucristo.

Lamentablemente uno de los requisitos que los judíos les estaban poniendo a los gentiles para la salvación era la circuncisión. Este procedimiento había sido instituido por el Señor en Génesis 17:10-12, se trataba de Su pacto con Abraham y con su futura descendencia. Pero en estos versículos de Romanos 4, se nos explica que este acto era el SELLO de la justicia de Abraham, y por justicia se refiere no a otra cosa sino a su fe.

Si recapitulamos la historia de Abraham, podemos fijar nuestra atención en uno de varios hechos interesantes: a los 75 años Dios lo llamó a una tierra que le iba a mostrar; fue ahí cuando le dijo que haría de él una nación grande, sin que hubiera obedecido o hecho algo hacia Dios (Gn. 12:1-4). Luego, Dios le volvió a prometer una gran descendencia (Génesis 13:14- 16 y 15:1-5) y es ahí cuando la Palabra dice: “Abram creyó en el Señor, y Él se lo reconoció por justicia”, Génesis 15:6. Sin embargo, en el siguiente capítulo de Génesis, se narra el nacimiento de Ismael, después de que Sarai y Abram intentaron “ayudar” a Dios. Para entonces, Abram ya tenía 86 años. Aun así, el Señor siguió fiel a Su promesa y en el capítulo 17 vemos cómo confirmó Su Pacto con Su siervo al establecer la circuncisión. Pero esto sucedió cuando él ya tenía 99 años. Es decir, Abraham se mantuvo en su relación con Dios solo por medio de su fe durante casi un cuarto de siglo, e incluso su fe y sus respuestas al llamado del Señor también fueron un don dado por Dios (Efesios 2:8).

Esto demuestra que el justo vive por la fe, que los gentiles podían (y podemos) ser hijos de Abraham, herederos de la promesa que le fue dada, y no necesitaban cumplir ninguna otra exigencia para poder ser llamados hijos de Dios. ¿Qué podemos concluir entonces y tener en cuenta?

Que la fe vino primero que la circuncisión y la ley de Moisés (y ya hemos señalado que el objetivo de la ley es hacernos ver nuestro pecado). Es decir, que está primero que cualquier obra. Por supuesto, esto no nos exenta de hacer buenas obras, pero estas son RESULTADO de la fe que el Señor nos da (Santiago 2:18-26).

Que tengamos cuidado con los movimientos de raíces hebreas que hoy en día buscan añadirle condiciones a la salvación, que quieren poner sobre nosotros el peso de la ley. Esto no es nuevo, de hecho, los apóstoles y Pablo tuvieron que luchar contra estas falsas enseñanzas, como se evidencia en Hechos 15 y en el libro de Gálatas. Así que leamos la Palabra, pidámosle al Espíritu Santo su guía y no nos dejemos llevar por cualquier viento de doctrina.

El sello de los judíos fue la circuncisión, pero esta no es lo mismo que la fe, es decir, no salva. Recordemos que el sello de aquellos que creemos en Cristo, judíos o no, es el Espíritu Santo. Como dice en Efesios 1:13-14: “y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria”.

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