DIOS, SIEMPRE FIEL

Texto bíblico: Romanos 3: 1 – 3

 

En este capítulo, Pablo continúa hablando en su discurso acerca de la justificación. Sin embargo Pablo menciona en capítulos anteriores cómo algunos judíos rechazaron la ley y no creyeron. El ratifica que tanto los judíos como los gentiles están bajo el dominio del pecado, haber tenido la ley primero que los gentiles no cambia eso en lo absoluto.

Desde el Antiguo testamento la Palabra de Dios nos revela como todos los seres humanos somos pecadores, nadie está exento. (Salmo 14:1). Desde el comienzo de la humanidad se ha demostrado como el hombre ha usado todo su cuerpo para expresar su estado de pecaminosidad, sus pensamientos, acciones, emociones, decisiones, palabras, etc.

Aun sabiendo todo lo anterior, se podría pensar que Dios dejaría de ser fiel con la humanidad y automáticamente se apartaría de ellos. Pues para nosotros y para nuestra naturaleza pecaminosa se nos hace rápido y fácil pensar que a cualquier error que tengamos viene algún castigo de parte Dios o debemos pagar por lo malo que hicimos (Cabe aclarar que muchas de las consecuencias de nuestros errores, son por nuestras propias decisiones habiendo desobedecido a Dios).

No hay algo más alejado de la realidad que eso. Dios ya sabe lo que haremos, sabe cuándo nos vamos a equivocar y cuando vamos a pecar, pero en su maravillosa gracia y misericordia nos da la oportunidad de volver a Él, acercarnos a Su Presencia, pedirle perdón y que restauremos nuestra relación con Él. Su fidelidad no cambia para con nosotros (Deuteronomio 7:9).

Todo lo contrario a lo anterior ocurre con nosotros, muchas veces, el más mínimo error o pecado que cometemos evidentemente nos hace sentir mal, pero de inmediato pensamos que es mejor sentirnos bien nosotros mismos primero y después buscar a Dios para que nos perdone, ese siempre ha sido un gran error pero a la vez ha sido una muestra de LA FIDELIDAD DE DIOS para con nosotros. Aún con nuestras fallas y errores, aun cuando no colocamos en primer lugar a Dios, Él permanece fiel, Él sigue ahí esperando por nosotros, Él quiere que nos acerquemos a su presencia y lo busquemos de corazón (2 Tesalonicenses 3:3).

Gracias al sacrificio de Jesucristo, hoy podemos gozar de la revelación de la Palabra de Dios en nuestras vidas, vivamos una vida integra delante de Dios, pero recordemos que no podemos sin su ayuda, sin Su Maravillosa Gracia. Que nuestra fidelidad sea por completo para Él y podamos entender a diario que de nuestras acciones o forma de vivir no depende la fidelidad de Dios hacia nosotros, pero: ¿Nosotros si estamos siendo fieles a Dios?, ¿Somos fieles a su Palabra y obedecemos sus órdenes?

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